—Niña embotada.
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No, no tengo nada, sólo días que me sobran y aire que me estorba. Me quedan palabras, qué digo palabras, pensamientos más bien, la palabra es cuando ya está dicha y estas nunca las dije, sólo se quedaron ahí anidando fuertemente en mi cabeza, y me matan, me están matando, y ya no es lentamente, ahora lo hacen agudo y ferozmente. Yo? Yo simplemente me dejo. A veces logro quedarme dormida y no porque quiera, porque de eso ni ganas tengo, es sólo otra de esas costumbres que va tomando el cuerpo a lo largo de los días, del pasar las horas, los minutos y los segundos. Y cuando pasa, esas cosas que me matan paran, se detienen, pero cuando despierto sólo regresan con mayor ánimo.
Uno, dos, tres, tomo aire, miro hacia la puerta, no sé si salir o quedarme acá, nunca había visto tan concluyente la labor de un objeto inhumano. La puerta se puede atravesar de acá para allá o de allá para acá, pero nunca estoy en el allá, siempre estoy en el acá, entonces se me quitan esas pocas ganas y me quedo en el acá, así que la puerta no es atravesada y tal vez por mi inutilidad, estoy volviendo inútil a un objeto que crearon sólo con el simple hecho de ser útil. Culpable? Sí muy culpable soy.
Ni siquiera tengo una escalera en la que sentarme a silbar mi melodía…Me mudé hace días a esta calle. Mi dirección es no encontrarme y nadie saber en dónde estoy.
Lo que más se siente son los latidos del corazón y el estrecho que hay entre los huesos de mi cuerpo y las tablas de la cama donde se me pasan estos días. En la actualidad digo y soy testigo que uno se levanta, más por costumbre que por necesidad, ganas, o querer. No, de eso no hay y si lo hay no se siente, ni en esta madrugada, ni en ninguna cercana que recuerde. Si la vida se define en cosas interesantes y las que no, la mía está llena de la segunda, es más, hasta crearía otra categoría para llenar la vida, sería inutilidad creo que la mía se define en eso, en el vacío, en la nada, en la plena y vagamente inutilidad.
Ni siquiera tengo un número al que llamar a quejarme, se supone que todo en la vida tiene un número de contacto, pero no, no tengo a nadie que responda al otro lado, alguien que quisiera tan siquiera librarse de las culpas que infructuosamente le dejaría, o alguien que nunca me conteste, pero al que pueda llamar todo el día con la esperanza que lo haga. Pero es que tampoco quiero que me llegue a contestar alguien que mientras escucha mis desdichas diga cosas como ajam, ok o bueno, palabras tan vacías como incongruentes que sólo arruinarían la gracia de que alguien haya atendido mi llamado.
Gracias. Soy mujer,
Me levanto a las seis de la mañana, hoy me toca lavarme el pelo, hubiera pensado en programar la alarma del reloj unos 20 minutos antes. Una ventaja para los hombres de cabello corto. Lo bueno es que tengo miles de posibilidades de comprar un champú adecuado para mi tipo de cabello y además que tenga olor.
Llego al bus y cuento con la posibilidad de que me cedan el puesto…
Este escrito lo encontré en archivos de 2008, no recuerdo por qué no lo terminé, supongo que hasta allí me llegaban las gracias por ser mujer, este caso no lo decidí yo así para agradecerle a alguien que mi posición haya sido tomada en cuenta. No es algo que se elija como se elige el comprar manzanas rojas o manzanas verdes. La vida humana siendo mujer me aconteció a mi, como a muchas de ustedes, casualidad o causalidad, no importa, sólo se que camino todos los días sintiéndome mujer, sintiéndome parte de un sexo y tratando de hacer parte de una sociedad. Tengo manos, tengo ojos, tengo órganos, tengo cerebro y tengo un sexo, como cualquier especie humana. Sólo que en este caso a mi me aconteció llevar el nombre de mujer. Ha sido llevadero, estremecido, puro y fiel a mi.
Uhuhuhuhuh.
NIGHTNIGHT by DEDDY